Desobedecer inhumanidad

ESLOGAN: “Cal desobeir tota ordre d’inhumanitat” (Es necesario desobedecer toda orden de inhumanidad)

ORIGEN: “¡una moral de la autonomía se forja cuando se comprende, y se aprende, que hay que desobedecer toda orden de inhumanidad” (Mahatma Gandhi)

Diseño: adaptación de camiseta “Anonymous Gandhi” de la página NO GODS NO MASTERS | NI DIOS NI AMO – camisetas políticas sin ánimo de lucro.

EXPLICACIÓN – TEXTO RELACIONADO:

El autogobierno (swaraj); conciencia y autonomía
La autonomía de la voluntad es un concepto crucial para emprender la desobediencia civil, porque así el individuo alcanza su calidad de ciudadano; la teoría contemporánea de la sociedad civil parte del supuesto de que el ciudadano se hace ejerciendo sus derechos de ciudadanía.

La autonomía, decía Gandhi, “reposa enteramente sobre nuestra propia fuerza interior y sobre el poder que tenemos de hacer frente a los obstáculos más temibles”, pero necesita de un esfuerzo continuo para ser conquistada y mantenida. Los mismos medios que sirven para la autonomía individual sirven a la autonomía política.  “Es el deber la verdadera fuente de los derechos”, de otra manera no se pueden alcanzar. Así pues la fuerza interior es una convicción personal que motiva la acción, en eso consiste la autonomía. La autonomía política equivale entonces a un pueblo de ciudadanos en capacidad de constituir una nación autónoma.

La autoconciencia ha de entenderse en un doble sentido: personal y nacional, que se afirma en la creación de espacios de desarrollo propios, alternativos a las estructuras de dominación, una especie de contrapoder, que en la coyuntura histórica produce una dualidad de poder; el pueblo aprende a autogobernarse. En el programa del partido del Congreso, Gandhi definió la autonomía como poder dual y como desobediencia, pues “una moral de la autonomía se forja cuando se comprende, y se aprende, que hay que desobedecer toda orden de inhumanidad”.

Gandhi conocía la capacidad de la autoconciencia como requisito de la defensa estratégica, como un plano de la confrontación, para construir un territorio que le fue alienado, un espacio propio para la resistencia, en dos dimensiones: la dignidad personal y las aldeas, donde residía la raíz de la India libre. Así se construían las “estructuras paralelas”, una “segunda cultura”, para una “vida independiente de la sociedad”.

La resistencia cultural y económica se propuso recuperar la propia historia, viviéndola desde el individuo, la comunidad y la nación. En ese sentido el movimiento gandhiano adoptó y reactivó las lenguas originarias locales y al hindi como lengua nacional, así como la cultura oral, factores indispensables para concienciar y unir al pueblo.
Impugnó el sistema capitalista reviviendo el desarrollo aldeano-comunitario. Las aldeas debían valerse por sí mismas para su alimentación y vestido, una verdadera “república independiente”; debía tener su escuela, teatro y salón de actos, su propio suministro de agua, educación básica obligatoria, electricidad y todo esto sobre la base de la cooperación y el reparto de la tierra para quien la trabaja. Esa campaña de politización rural se apoyó en toda una organización de activistas que iban a las aldeas a informar y escuchar a la gente.

Un cambio revolucionario que promovió en las mentalidades y en las jerarquías sociales, fue la igualdad de los parias. Los intocables constituyeron por milenios la parte de la sociedad más discriminada por los propios indios, más cruel que la de los blancos. Gandhi se propuso hacer reconocer su dignidad y plenitud de derechos, colocando a los “hijos de Dios” en el primer plano de su concepción de igualdad social. Consiguió que el Congreso Nacional Hindú acordara suprimir la intocabilidad en su congreso de 1920. En 1931 Gandhi emprende un ayuno para conmover a los propios hindúes a fin de abolir la discriminación; nuevamente fue seguido por el ayuno de muchos y al fin se consiguió levantar las prohibiciones a los intocables.

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